He aquí un pedacito de mi. Se me escapó al escuchar la canción. O la canción se me escapó con las palabras.
Juzguen ustedes mismos:
Pompeii
A pocos pasos esta la cima. Sólo una roca te impide el paso. De un salto te encaramas a ella y la pendiente, que antes te protegía, desaparece exponiéndote al viento de altura. Suave, pero ligeramente frio, remueve tus cabellos y enfría el sudor consecuente de la escalada previa.
Avanzas sobre la dura superficie hasta terminar en una zona de hierba alta, deteniéndote justo antes de que el terreno comience a descender.
Un paisaje verde compuesto por suaves praderas e inclinadas colinas se extiende ante tus ojos, perdiéndose en el infinito, y con ella, su nitidez y su color. Hasta donde alcanza tu vista, una cordillera montañosa actúa de estrecha línea divisoria entre el cielo y la tierra. Una fría corriente se desliza entre las altas hierbas y se enreda a tu alrededor, provocándote un leve estremecimiento, sólo perceptible a ojos expertos.
Extiendes las alas lo que provoca una reverencial inclinación de la vegetación que te rodea. Te agachas para estirarlas y aprovechas para arrancar, antes de contemplar brevemente, una hermosa pero simple flor de pétalos amarillos. Sabes que acabas de condenarla a muerte. Sonríes y te levantas. Observas el sol, ya en trayectoria descendiente, durante unos segundos y casi puedes percibir su calor. Respiras tranquilamente disfrutando de ello.


