Quería escribir una entrada que describiese la fugacidad del tiempo, y me he encontrado con una serie de reflexiones que escribí cierto día en cierto monte sin nombre. Aquí os dejo una que desarrollé leyendo el primer pan del libro "cinco panes y dos peces". No esperéis un gran ensayo de prosa, ni siquiera esperéis que este bien escrito o explicado. Solo plasmé al papel las ideas que pasaban volando por mi cabeza. Y así os las he traído. Quizás también os convenga saber para entender mejor lo que sigue, que el libro fue escrito por un cardenal vietnamita hablando sobre sus experiencias en la cárcel, en la que estuvo durante 13 años cuando llegó el comunismo a Vietnam.
Primer pan: Vivir el momento presente.
"Me he pasado la mitad de mi vida esperando"
"Yo no esperaré, voy a vivir el momento presente colmandolo de amor"
Espera, toda la vida es espera, puedes decidir convertir una larga espera de años encerrado en la carcel, o bien fragmentarla en miles de esperas fugaces, a que llegue la noche para poder escribir en paz.
Cierto es que nos pasamos la vida esperando, esperando a la muerte, los actos que vivimos en el presente no son más que formas de amenizar la espera, ya sea a nosotros o a los que nos rodean.
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domingo, 15 de diciembre de 2013
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Spoilers: ¿una nueva fecha de caducidad?
Spoiler.
Que bonita, que sutil y que poderosa.
Apuesto lo que sea a que has sentido un mínimo de preocupación antes de abrir esta entrada. O por lo menos una curiosidad precavida.
Últimamente parece estar en boca de todos, inundando las redes sociales. Esa terrible verdad que se esconde entre las sombras, en posición de ataque, preparada para arruinar nuestras ilusiones al mínimo descuido: un tweet, un comentario de Facebook, una entrada en un blog o una conversación grupal de whatsapp. Otra ´ventaja´ de las tecnologías. No sé si han sido ellas o si sólo han sido las catapultas de este fenómeno. Pero hay que andarse con pies de plomo.
Es un tema muy amplio, así que me centraré en un particular aspecto de ellos: su justificación.
Y no una cualquiera, no. Una con la que me he encontrado las últimas veces en las que he tenido que lidiar con este concepto. Aquella que ha hecho salten todas las alarmas:
"Has tenido tiempo para leer/ver X libro/serie/película"
¿Qué?
Espera.
¿QUÉ?
Por favor, volved a leerlo.
¿He entendido que existe un tiempo LÍMITE para hacer cualquiera de esas actividades? ¿Es que tienen un periodo de caducidad?
Os aseguro que he dado mil vueltas a mis libros y a mis películas y no he encontrado tal fecha. ¿Quien ha creado semejante concepto?
Voy a calmarme y a pensar tranquilamente sobre ello.
Entiendo que existan ciertos "spoilers" que se consideren ya parte de la cultura general, que incluso te miren raro si no has leído, o visto X libro/película. Hay ciertas obras, por llamarlas de alguna manera, "clásicas" que son de conocimiento popular pero de ahí a ponerle un limite temporal... no, por ahí no paso.
Porque, por encima de esta justificación, están arruinando las ilusiones de descubrir las obras por nuestra cuenta. Quienes hayáis "sufrido" algún spoiler sabréis de lo que hablo. Es más, hacen que incluso lleguemos a perder las ganas de continuar leyendo, porque, total, ya habrá alguien que me cuente el final.
Y no. No quiero eso.
No estoy pidiendo que se deje de hablar de ellos. No, por favor, ese es un derecho que espero que sigamos conservando. Estoy hablando de dejar de justificarlos por esa razón temporal. Estoy defendiendo el derecho a decidir cuando leer un libro o ver una película.
Por favor, no pongamos fecha de caducidad a las puertas de la ilusión.
Pantera Expectante
domingo, 20 de octubre de 2013
Y tú, ¿tienes un sueño?
Para ir calentando motores, me gustaría compartir un relato con vosotros. Se trata de una historia real que habla sobre la superación personal, sobre cómo la voluntad del ser humano le puede llevar a conseguir logros que parecían imposibles…se trata de la historia de una mujer que muchos probablemente conozcáis. Una mujer que lo dio todo con tal de alcanzar su sueño, una mujer que nunca se rindió.
Su nombre es Joanne. Tal vez esto no os diga nada, porque dudo que alguna vez la hayáis llamado por su nombre de pila. Pero no prestéis demasiada atención a ese detalle, pronto descubriréis a quién me refiero.
Joanne pasó su infancia y la mayor parte de su juventud en un pueblo al oeste de Inglaterra. Posteriormente, llevó a cabo sus estudios en la Universidad de Exeter, donde se licenció en Filología Francesa y Clásica. Ya desde el final de su etapa universitaria tenía claro que quería escribir un libro. El argumento llevaba algún tiempo tomando forma en su cabeza, e incluso había escrito algunos capítulos, pero la historia no acababa de despegar.
Fue entonces cuando Joanne se trasladó al norte de Portugal, donde empezó a dar clases de inglés. Sin embargo la idea de su libro se vio trasladada a un segundo plano cuando Joanne se enamoró de un periodista, con el que se casó un año y medio después. Desgraciadamente, trece meses más tarde su vida dio un giro de 360 grados cuando su matrimonio se vio disuelto. De esta manera, Joanne se vio obligada a trasladarse a Edimburgo, ciudad en la que residía su hermana, perdiendo así su trabajo.
viernes, 31 de mayo de 2013
La ciudad relativista

En la entrada de hoy, me gustaría hablar sobre algo que, he de admitir, no acabo de comprender. Se trata del razonamiento que, a principios del siglo pasado, hizo que se tambaleasen los cimientos de las leyes físicas que regían todo lo que ocurría en la naturaleza hasta el momento. Con su Teoría de la Relatividad, Albert Einstien generalizó las enseñanzas de Newton al aplicarlas a situaciones en las que las velocidades de los sucesos alcanzaban un valor próximo a la de la luz…y de paso, revolucionó la ciencia.
No pretendo analizar al detalle las complejas consecuencias de esta teoría, simplemente me gustaría compartir con vosotros el siguiente texto, extraído del libro "El breviario del Señor Tompkins", del físico y astrónomo ucraniano George Gamow. En él, se habla en un lenguaje fácilmente entendible de dos fenómenos concretos que aparecerían si fuésemos capaces de desplazarnos, en nuestro día a día, a velocidades tan altas que escapan a nuestro entendimiento.
"Aquella mañana, el vestíbulo del banco estaba casi vacío, de modo que el señor Tompkins, oculto tras su ventanilla, abrió el apretado manuscrito y trató de avanzar por la maraña impenetrable de fórmulas y complicadas figuras geométricas con las que el profesor intentaba explicar a sus discípulos la teoría de la relatividad. Pero sólo pudo comprender el hecho clave en torno al cual giraba la conferencia entera, a saber: que existe una velocidad máxima, la de la luz, que ningún cuerpo material puede rebasar, y que de ello se desprenden consecuencias de lo más inesperadas y extraordinarias. Se afirmaba, sin embargo, que, como la velocidad de la luz es de 300.000 kilómetros por segundo, los efectos relativistas son casi imposibles de discernir en la vida ordinaria. Pero lo más difícil de entender era la naturaleza de tan extraños efectos, y el señor Tompkins tuvo la impresión de que todo aquello contradecía el sentido común. Mientras trataba de imaginar la contracción de las varas de medir y el comportamiento anómalo de los relojes –efectos que eran de esperar a velocidades próximas a la de la luz-, su cabeza se fue inclinando pesadamente sobre el manuscrito abierto.
domingo, 28 de abril de 2013
¿Originalidad? ¿Dónde?
No me hago responsable de los efectos secundarios que pueda provocar la siguiente revelación. Sólo una advertencia: después de haberlo leído puede que os sintáis decepcionados con la capacidad imaginativa del ser humano. O no. Ya lo dijo Manuel Vicent, “El que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla”.
Esta teoría fue formulada por el estadounidense Joseph Campbell en su libro “El héroe de las mil caras” publicado en 1949 y que ha causado un gran impacto en el arte de narrar historias. La tesis que desarrolla es sobre el tema más frecuente en la tradición oral y en la literatura editada: el mito del héroe. En su estudio descubrió que, en el fondo, todos los mitos responden a la misma historia, contada una y otra vez en infinitas versiones, que en el arte de narrar historias, deliberadamente o no, se siguen las antiguas fórmulas del mito, y que todas las historias pueden ser entendidas en términos de mito heroico.
Queridos lectores: la figura del “héroe” en todas las historias es universal con independencia de épocas y culturas. Todos los relatos son el mismo relato a través de infinitas versiones. Ese “héroe” adopta una cara diferente según la historia de que se trate. Y para rematar, atraviesa siempre las mismas fases de un ciclo denominado “viaje del héroe”.
Las imágenes de la versión básica, héroes jóvenes que reciben espadas mágicas de manos de sabios magos para luchar contra dragones en cuevas profundas, no son más que símbolos.
Los relatos construidos sobre el modelo del mito del héroe poseen un atractivo que puede ser experimentado por cualquiera y reflejan las preocupaciones básicas. Todos ellos se hacen las mismas preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy tras la muerte? ¿Qué es bueno y qué es malo? ¿Cómo será el mañana? ¿A dónde se fue el ayer? ¿Hay alguien ahí fuera? Los principios encerrados en la mitología, descubiertos por Campbell, pueden servir para entender casi todos los problemas humanos. Es un instrumento poderoso para una conexión efectiva con el gran público.
sábado, 23 de marzo de 2013
Las letras empiezan a borrarse, en silencio...
Dejarse llevar por la belleza de un texto, que las simples palabras bien hiladas por la mente consigan remover los sentimientos que duermen dentro de ti; esa es una belleza que se pierde, tenemos innumerables grandes en la literatura universal pero poco a poco son olvidados, relegados a un polvoriento cajón… Porque leer no esta de moda, la cultura no esta de moda… Vamos rumbo a una sociedad donde la gente no conocerá ni a Proust, ni a Voltaire; resulta triste pero es así.
Me gustaría que disfrutaseis de este pequeño texto por el simple placer de leer; que os abandonaseis en el día de hoy por un momento y os impregnaseis de esta belleza, de este silencio…
domingo, 17 de marzo de 2013
Diecinueve minutos
“Diecinueve minutos es el tiempo que tardas en cortar el césped del jardín de delante de tu casa, en teñirte el pelo, en ver un tercio de un partido de hockey sobre hielo. Diecinueve minutos es lo que tardas en hacer unos bollos en el horno, o el tiempo que tarda el dentista en empastarte una muela; o el que tardarías en doblar la ropa de una familia de cinco miembros.
En diecinueve minutos se agotaron las entradas para ver a los Tennessee Titans en los playoff. Es lo que dura un episodio de una comedia televisiva, descontando los anuncios. Es lo que se tarda en ir en coche desde la frontera del Estado de Vermont hasta la ciudad de Sterling, en New Hampshire.
En diecinueve minutos puedes pedir una pizza y que te la traigan. Te da tiempo a leerle un cuento a un niño, o a que te cambien el aceite del coche. Puedes recorrer un kilómetro y medio caminando. O coser un dobladillo.
En diecinueve minutos, puedes hacer que el mundo se detenga, o bajarte de él.
En diecinueve minutos, puedes llevar a cabo tu venganza.”
lunes, 11 de marzo de 2013
Lo esencial es invisible a los ojos
El hecho de que el ser humano tiende a centrarse en lo superficial por naturaleza es innegable.
Dicho de otro modo, cuando nos encontramos ante el reto de establecer relaciones con nuevas personas, muchas veces no profundizamos en lo que tenemos delante y acabamos optando por buscar una solución “por la vía rápida”.
Entre muchas otras cosas, en esto consiste la socialización, otra de las características intrínsecas del ser humano. Y nadie dijo que ésta fuera fácil.
jueves, 21 de febrero de 2013
El laberinto
Hace algún tiempo leí un libro que me hizo replantearme algunos de los aspectos de mi vida; de hecho su contenido sigue siendo, todavía a día de hoy, el objeto de muchas de mis reflexiones.
Tal vez lo conozcáis, se trata de "Quién se ha llevado mi queso", de Spencer Johnson: un relato que os recomiendo encarecidamente. De hecho, os aseguro que os ayudará a adoptar la actitud adecuada ante el conjunto de dilemas y visicitudes a los que nos enfrentamos constantemente, así como a afrontar el cambio adecuadamente.
Lo cito en esta entrada porque, mientras buscaba la inspiración necesaria para escribir en este blog, me encontré con un pequeño cuaderno olvidado en el que solía inmortalizar mis citas preferidas. Curiosamente, una de esas anotaciones era un pequeño texto que aparecía, a modo de introducción, en la primera página de "Quién se ha llevado mi queso".
Sin duda, en él se plasma la esencia del libro, y me parece más que apropiado adjuntarlo a continuación para que vosotros, al igual que hice yo cuando lo leí por primera vez, dediquéis un par de minutos a reflexionar sobre su contenido. No tiene desperdicio :
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