Mi muy querido Universo,
¿Le importa que le llame así? Espero que no. Quiero que sepa que le tenemos mucho aprecio a usted en mi familia, pero más allá de eso, personalmente, me gustaría darle las gracias.
Si si, aquí mismo, delante de todo este diverso público que tenemos hoy con nosotros. Aquellos a los que anteriormente usted clasificó de una forma burda y desapasionada en forma de porcentaje de "afortunados letrados".
Realmente no me cuesta dar las gracias, lo que me cuesta es abrir la boca y decirlo. Soy un poco raro...
Pero antes de nada, si usted me lo permite, y ya que me pongo a ser gracioso (quien da las gracias es gracioso, ¿verdad?), me voy a girar a agradecer su estancia aquí a todo nuestro público. Gracias por aguantar a esta estrambótica fauna autóctona de este lugar tan peculiar. Un aplauso para ustedes, si señor, ¡se lo tienen más que merecido! Y ya que estamos puestos, demosles otro aplauso (este ya lo podemos dar más bajito, ¡no vayamos a despertar a alguien!) para todos los que en algún momento han pasado por aquí, y como todo en este mundo, pasa y se va sin dejar huella ni rastro.
Tiene que ser duro para usted, señor universo, ver tanta gente pasar, durante apenas un instante de su larga vida, tanta gente. Todas las lágrimas derramadas, todo el sudor. El esfuerzo. El trabajo, El amor, El estrés... Usted no sabrá que es todo eso, claro, para usted a lo mejor son solo cifras de alfabetización.
A mi ya me resulta durísimo imaginármelo. La verdad es que no tiene demasiado sentido tanto trabajo ni tanto estrés, ¿no?. Venía a darle las gracias señor Universo, pero me está haciendo reflexionar... Que importancia tendrá para usted un gracias...
Pero bueno, me distraigo contándole historietas y pesquisas que nadie mejor que usted conocerá y me abstraigo de lo fundamental.
¡Al grano!


